El punto de cohesión

May 14th, 2007

Hace aproximadamente un par de semanas salió publicado un reportaje en el diario El Periodico escrito por Jorge Sierra en dónde habla y hace una entrevista a un músico y también buen amigo a quién tengo bastante respeto y admiración.

Se trata de Alejandro Alvarez, con quién tengo la suerte de ser compañero de equipo en el Imox Jazz Trio. A Alejandro lo conocí hace exactamente dos años, luego de haber pasado varios meses tratando de encontrar un bajista que se adaptara al estilo de Jazz que estábamos tocando (mainstream principalmente) y que por recomendación de Juan Carlos (el batería) llegó un día a un ensayo para que lo conociera. La verdad me impresionó la forma de tocar y la forma tan creativa y melodiosa de sus solos, sobre todo al ver su corta edad (en esa época él tenía 19 años mientras que yo tenía 23).

Alejandro es un músico completo: tiene un oído excepcional, capaz de percibir en que tono suena un armónico en el redoblante de la batería o en qué tono está cualquier tema aunque no lo haya escuchado nunca en su vida; posee una lectura rítmica y melódica mejor a muchos músicos que conozco y que poseen mayor experiencia que él, pudiendo reproducir en su mente y con su voz la melodía que lee en la partitura casi al instante; es un excelente instrumentista, principalmente en su instrumento que es el bajo y ahora también en el contrabajo, instrumento el cual le tomó apenas unos tres meses aprender y que luego de este tiempo inclusive fue invitado para formar parte como músico suplente en la Orquesta Sinfónica Nacional; pero sobre todo es un improvisador nato, dando siempre un toque melódico y coherente a sus improvisaciones en el bajo.

Aparte de todas estas cualidades musicales que he mencionado es un gran amigo con el cual me siento afortunado de poder trabajar. Buena parte del progreso que hemos tenido en el trío se debe a que él aporta mucho al mismo siendo el punto de cohesión entre los tres haciendo que las cosas funcionen bien, pues su gran capacidad nos exige (y a veces también nos regaña) estar siempre a punto, haciendo las figuras rítmicas correctas o dando esa base sólida pero a la vez volátil que el bajo de jazz debe llevar.

Incluyo aquí la entrevista que Jorge Sierra hiciere a este gran músico y que salió publicada el 30 de Abril de este año en el matutino ya mencionado.

El bajo en el corazón

La reciente edición del Festival de Jazz del IGA nos reveló a un joven bajista
guatemalteco.

Es jovencísimo pero con una postura madura hacia la música. A sus 21 años, Alejandro Álvarez ha vivido ya un periplo artístico intenso. Se ha desplazado desde el jazz, con German Giordano y John Beasley, hasta la música clásica con la Orquesta Sinfónica Nacional, sin obviar proyectos de rock, funk y latino.

Sus estudios los realizó en la Academia de Música Contemporánea Poliritmos, y participó en los talleres ofrecidos por Jeff Berlin (Van Halen/ Mike Stern) y John Beasley (Miles Davis/ Steely Dan), pero eso ha sido poco si se compara con el tiempo y la dedicación que le ha puesto al estudio del contrabajo, instrumento por el que guarda una gran pasión, al menos así se lo vieron en su reciente participación en el Festival Internacional de Jazz, del IGA, como integrante del trío Imox.

He aquí una de las revelaciones nacionales que deja ese festival.

A tu edad es más común decantarse por el rock que por el jazz. Tú has escogido este último. ¿Por qué?
– La primera vez que escuché jazz me impresionó. Veía que los músicos tenían tal libertad al expresarse en su instrumento y una manera increíble de complementarse los unos con los otros que me sorprendió. También observé que, a pesar de esa libertad, mantenían un grado de sobriedad, de atención hacia lo que hace el otro, al juego de armonías citadas, a la extrema utilización del oído para saber qué fills hacer y cómo construirlos en el momento, frases de acordes a las armonías, y saber al final cómo salir airoso de las mismas.

¿Fue entonces esa interacción?
– Es que todo eso me ha fascinado del jazz. Claro, por mi oficio he explorado diversos géneros, desde el rock pesado hasta las baladas románticas , pero el jazz, ¡uff!

¿Sobre todo la libertad?
– Sí, porque tengo la oportunidad de expresar lo que siento en el instante. Aunque el jazz tiene su estructura, hay que respetarla para saber qué camino seguir.

¿Te atrae una línea de jazz más que otra?
– Me gusta bastante el fusion. He trabajado bastante su repertorio pero igual me resulta increíble tocar cool, bebop, smooth y esa fusión con flamenco.

Citemos influencias
– John Patitucci, Jimmy Haslip, Scott La Faro, Anthony Jackson, Christian McBride, Marcus Miller, Victor Wooten, Michael Manring, Alain Caron, Nathan East, Ric Fierabracci y Rolando Gudiel y otros más. Todos ellos, de una forma u otra, me han influido tanto en concepción de trabajo como en técnica.

Dos bajistas son infaltables en el jazz, Jaco Pastorious y Eddie Gómez. ¿Los has escuchado?
– A Pastorious lo he oído muy poco. Me parece increíble, de hecho he sacado un par de composiciones suyas. Era un virtuoso y estaba loco. Sobre Gómez recuerdo haberlo visto en un video y escuchado en algunos discos, pero no lo he estudiado detenidamente.

Para muchos el bajo es una especie del poder detrás del trono. A ti, ¿qué poder te ofrece?
– Hacer que la música cobre vida. El bajo es como el corazón, lleva ritmo y a la vez define la armonía. Detrás de su poder hay una responsabilidad. Uno como bajista tiene que tener los pies sobre la tierra y ser moderado cuando toca y acompaña. Además, hay que tratar de ser lo más sólido posible para dar sensación de estabilidad.

¿Eres de los que les gusta sentir que la batería es una compañera de aventura?
– Sí. Ambos compartimos la función de definir el ritmo sólido, estable en cualquier canción.

¿Hay proyectos en breve?
– Ahora estoy escribiendo piezas. Pretendo grabar un disco dentro de poco, y quiero ir a estudiar al extranjero Bachelor in jazz performance para contrabajo. Ya me preparo para eso.